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13 de septiembre de 2023

"Reflexiones sobre reunirse en tiempos de crisis: la importancia de estar juntos"

En esta ocasión, en un informe especial desde la vida diaria, nuestro periodista Adrián Stoppelman enfrenta una situación compleja al momento de socializar con amigos o conocidos. No se pierda este artículo antes de que la situación afecte su propia realidad.

Por Adrián Stoppelman

La juntada en tiempos de crisis


Los argentinos somos muy de “juntarnos”. Cualquier situación es buena excusa: nos juntamos para ver una peli, nos juntamos para ver un partido de fútbol, nos juntamos para tomar un café, nos juntamos con los compañeros del jardín de infantes, y muchos, se juntan en lugar de casarse.

Pero… algo se está entrometiendo entre nuestra costumbre de juntarnos y la juntada propiamente dicha: la crisis. Y esto hace que cambien los comportamientos.



ANTES vos te encontrabas con un amigo por la calle, y la discusión era decidir quién de los dos organizaba la cosa. “Venite a casa”, “No, mejor hagámoslo en la mía”, “No, en casa tengo la parrilla recién terminada, la tenemos que estrenar”, “Si, la próxima, pero ahora hagámosla en casa que abrimos unos vinos que tengo en el sótano” y la discusión te podía llevar horas, pero que te juntabas, te juntabas.

AHORA la charla es algo así como: “nos tendríamos que juntar a comer en alguna casa, ¿no?”, y el otro le contesta… “Y si, pero ¿dónde?”

ANTES si venía gente a tu casa sacabas el juego de platos del casamiento, copas de cristal, cubiertos de plata, y el menú era picada, entrada, plato, postre, café, facturas y cerrabas con las sobras recalentadas.

AHORA agarrás unos platitos descartables que sobraron del cumpleaños de tu nene, y no pasás de la picada, sin fiambres, con una cervecita, siempre y cuando los demás, traigan por lo menos una cervecita… y sus propios maníes.

ANTES lo más común era juntarse y en ese momento ver qué tenía ganas de comer la mayoría de los asistentes: podía ser pizza, empanadas, sushi, y la pelea era por ver quién le pagaba y quién le daba la propina al chico del delivery.

AHORA, si el menú es pizza, es pizza casera, o a base de prepizza y la juntada puede consistir en una llamada de video por Whatsapp, para mostrar que realmente estás comiendo pizza y no engañaste a tu amigo/familiar/gomía/conocido y te pediste algo fuera de presupuesto. (Cosa que igual, no podrías hacer)

ANTES se ponía el horario de reunión de un sábado a la noche tipo 8 de la noche, para tener tiempo de charlar un rato, tomar algo, picar algo, y después se hacía la cena.

AHORA cuando te invitan, te dicen: “Che, ¿por qué no se vienen a casa, tipo 11 de la noche, pero ojo que para un cafecito, eh???

ANTES se armaba una cena en la que se preparaba algún plato especial, un lechón, una paella, un locro, uno de esos platos para compartir entre amigos y familia, y los preparativos duraban como una semana.

AHORA te pasás una semana buscando por el barrio adónde tienen más barata la docena de empanadas.

ANTES en la mesa de los grandes se servía vino del bueno, y hasta hubo una época en que se tomaba champán

AHORA tenés suerte de que te sirvan vino, pero en vaso descartable de plástico, mientras el dueño de casa te dice “¿se deja tomar el vinito este, no? Los chinos lo tenían en oferta”. (Y vos no te podés quejar, porque la botella que trajiste, la compraste en el mismo súper y por la misma plata.)

ANTES a los chicos se les preparaba un menú especial, comían en mesa aparte, y tomaban gaseosas cola y naranja de primera marca.

AHORA los chicos comen lo mismo que los grandes, sin chistar, y la bebida es una botella de Ganga Cola de 4 litros y cuarto, de esas que por más que la pongas 3 días en la heladera no se enfría, y que ni bien la abrís se le va el gas.

ANTES te encontrabas con un amigo por la calle y no lo dudaban: inmediatamente se sentaban a tomar un café en el boliche más cercano

AHORA ves venir a tu amigo, y cruzás la calle para no tener que sentarte a tomar un café con él.

ANTES llamabas por teléfono el viernes, y el sábado estaba todo organizado con tu familia.

AHORA llamás el viernes y de los dos lados del Whatsapp, el mensaje es el mismo: “Bueno, vemos…”

ANTES era una alegría poder recibir gente en tu casa.

AHORA es una alegría saber que este fin de semana no va a venir nadie a romper la paciencia, ni el presupuesto, ¿o qué se creen, que uno vive para invitarlos?

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  • Reflexiones de la vida diaria

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