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CULTURA

15 de septiembre de 2023

Música de bares

Esta columna podría recibir hoy el título de un inesperado fragmento de un "diario de pandemia". La música, la soledad, la camaradería, el asombro y el misterio de los bares...

Por Ariel Prat
Foto: Florencia Downes

¿Quien puede convencerme de que permanecer en un bar es perder el tiempo, que se puede hacer lo mismo pero en casa? Ya de pibe mi viejo me llevaba algunos sábados a la mañana cerca del mediodía para acompañarlo a su juntada  vermutera con muchachos en el bar donde paraba y me ganaba la coca cola, única oportunidad de beberla y por suerte no fue jamás un desvelo de consumo para mí; pero sí valoro que era especial. Ahí me sentaba en la barra sobre esas banquetas de madera inconfundibles en los bares porteños de entonces.

Muchos años después y en la ciudad española de Huesca, a mi hija Vera que recien caminaba, la saqué del cochecito en un bar llamado "La Oscense", también era un sábado de mañana como aquellos vivídos con mi viejo, y yo continuando con la sana intención de un vermú. Lo primero que hizo la bebé fue corretear a la barra para intentarse trepar a una de esas banquetas, también curiosamente y a pesar de los años, de madera. Lo cultural también se lleva como alguna latente formación en la región lúdica de nuestro conocimiento adquirido.

Y en otro bar, "El Boterón" de Zaragoza, solo, sin nadie alrededor en una de esas noches de cuarentena flexibilizada, escuchaba yo con felicidad la música de Chet Baker desde un vinilo invalorable, mientras repasaba con la mirada algunas botellas que no bebería, pero si reconocerlas desde la barra como un sabihondo no suicida; pensaba en el jazz y el ragtime, en ciertas músicas ejecutadas por tremendos intérpretes como Chet, pero podrían ser Satchmo, Miles...músicas que se derraman en la historia de la piel y las entrañas de la humanidad como una deliciosa, eterna loción de locura y pasión desde inspiraciones ilimitadas y que escapan a las normas de un mundo que ha crecido y crece en una destrucción permanente; mundo al que esta gente se ocupa en reanimar con ese don de arte desde el fondo de los tiempos de la música grabada sea tocada en vivo o no. Pensaba en el talento y en la naturaleza de cada artista con sus vidas al borde y en quienes en algunas  reuniones, tertulias o simples eventos, han tenido a estos portentos legendarios como fondo musical haciendo negocios, pergeñando delitos y guerras, cerrando pactos fraudulentos o simplemente viviendo veladas de frivolidad con un Chet Baker sonando de hilo musical cuando en realidad uno sabe que esto ocurre con el arte en todas sus dimensiones. ¿O no vimos tantas veces en fotos a una obra tremenda y original de un pintor de cualquier escuela y época como adorno de fondo dando sobriedad en una sala de reuniones de garcas o inescrupulosos empresarios reunidos a la firma un contrato? Cuanta contradicción reflexionada y expuesta  que tuve una noche de barra en un bar. Aquella noche yo, a ver: ¿que hubiera estado pensando, escuchando o mirando en mi casa?...

Alguna vez voy a contarles mejor, será desde otro bar seguramente; la historia de un tipo profesor de filosofía, quien ya muy mayor se le escapaba sigilosamente a su hija para meterse en el bar de abajo de su casa, entraba cada vez saludando a toda la gente o a nadie, con un dedo levantado sentenciando a modo socrático: "El enigma de la palabra demasiado cierto!" Encaraba directo a la barra por un whisky que casi nunca llegaba a terminar porque su hija entraba de pronto y se lo llevaba rauda como avergonzada luego de pagar. La camarera y cajera del bar me decía de costado y apuntando con la pera cuando lo veía entrar: "Je...mirá, ahí llegó Misterio" lo había bautizado al hombre con el apodo que derivó al vuelo más fácil de la palabra "Enigma" y no faltaba nunca escuchar de entre los habituales del antro el saludo devuelto en tono bienvenida: "Que hacés Misterio!", "Aguante Misterio!"

Hablenme de bares culturales.

No hay bar que por bien no venga y paradójicamente no sabe de medidas, como este de moda hoy en día de la sospecha deportiva que suena igual pero se escribe distinto. Ya saben de que artefacto hablo...no me hagan hablar!

Besos de esquina y abrazos de cancha.

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