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CULTURA

7 de diciembre de 2023

"40 años de democracia"

Experiencia personal de las cuatro décadas de restablecimiento democrático, desde la presidencia de Raúl Alfonsín después del periodo sombrío de la dictadura cívico-militar, hasta los interrogantes planteados por la asunción de Javier Milei.

Por Norberto Galasso

Al cumplirse 40 años del retorno de la democracia después de la terrible dictadura que sufrimos, brevemente trataré de echar un vistazo a los principales acontecimientos ocurridos en estas cuatro décadas.

Raúl Alfonsín inició su gobierno con algunas medidas fundamentales, como el Juicio a las Juntas, que sorprendieron al mundo. No era común que un gobierno que venía de una dictadura cívico-militar, y a pesar de una ley de autoamnistía que había dictado su último presidente, Reynaldo Bignone, impulsara un juicio a los genocidas al mismo tiempo que nombraba como ministro de Economía a Bernardo Grinspun, un hombre de las pequeñas y medianas empresas que defendió los intereses de ese sector.

Alfonsín había asumido en 1983 y apenas dos años después, en 1985, durante una reunión realizada en Estados Unidos comenzaron a presionarlo, exigiéndole la renuncia de Grinspun. En su reemplazo fue designado Juan Vital Sourrouille, un economista muy capacitado según la mirada de los intereses de siempre, dispuesto a impulsar políticas liberales favoreciendo las importaciones y debilitando la industria nacional.

Foto: Archivo

No obstante, Alfonsín tuvo algunos arrestos que pueden considerados importantes, como su fuerte enfrentamiento con la Sociedad Rural y la altivez que mantuvo frente a algunos conflictos militares.

Pero luego, todo eso fue declinando y en 1989 sufrió un golpe de mercado que derivó en una hiperinflación. Y ya no pudo sostenerse en el poder.

El 14 de mayo del 89 se realizaron las elecciones. Previamente, es importante detenernos en la interna que tuvo el Partido Justicialista, con un dirigente como Antonio Cafiero que agrupaba a los sectores aparentemente más peronistas, en el buen sentido de esta tradición del ´45, quien fue derrotado insólitamente por un caudillo riojano, Carlos Menem, que se manejaba con un poncho rojo no menos llamativo.

Menem fue un candidato que remitía con sus patillas a la figura de Facundo Quiroga, que se presentó a las elecciones presidenciales y las ganó. “Si yo hubiera dicho lo que iba a hacer, no me hubieran votado”, confesó luego de su triunfo electoral.

Foto: Archivo

Una de sus primeras y más polémicas medidas fue recurrir al Grupo Bunge & Born para confiarle el manejo de la economía. Tras su fracaso, intentó un nuevo rumbo con la designación de Domingo Cavallo al frente del Ministerio de Economía, quien aplicaría la política de convertibilidad que provocara tantos trastornos a la producción nacional.

Siempre se dijo que había dos figuras que influían sobre Menem: Franco Macri, conocido empresario y padre de Mauricio, y Eduardo Eurnekián, cabeza del Grupo América. Toda similitud con lo que está pasando en la actualidad, tal como se dice en las películas, no es mera casualidad.

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Democracia. Cuarenta años.


A pesar de las políticas de Menem, quien reconoció que jamás hizo nada de lo prometido en materia de “salariazo” y revolución productiva, el político riojano volvió a triunfar en las elecciones presidenciales de 1994.

Ese mismo año se reformó la Constitución Nacional y se achicó el periodo presidencial de seis a cuatro años.

Fueron los tiempos que el menemismo mantuvo su política de flexibilización laboral, de gran corrupción, y su política exterior de profunda dependencia con Estados Unidos, que el canciller argentino Guido Di Tella no dudó en calificar como de “relaciones carnales” con Washington.

Foto: AFP

Así llegaron las elecciones de 1999, donde el profundo decaimiento del menemismo permitió el triunfo de la oposición, constituida por una alianza electoral entre la Unión Cívica Radical y el Frepaso y una fórmula Fernando De la Rúa- Carlos “Chacho” Álvarez que logró llegar al poder pero apenas pudo conducir el país durante dos años. Su incapacidad y debilidad fue tal que en 2001 se produjo un fenómeno insólito en la Argentina: el voto bronca, la suma de las abstenciones más los votos en blanco, ganaron las elecciones.

El radicalismo oficialista de derecha tuvo un bajón de 5 millones de votos con respecto a la elección anterior. Y el peronismo logró ganar en algunas partes. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero, también tuvo un bajón de 1 millón de votos. Esta situación se fue tornando cada vez más difícil. El endeudamiento se agravó y llegamos al 2001, donde el gobierno sufrió el rechazo del Fondo Monetario Internacional en cuanto a un financiamiento que debía otorgarle.

Así fue como apareció nuevamente Domingo Cavallo como expresión de esos intereses reaccionarios. Y esto dio lugar al denominado “corralito”, es decir, al cierre de los depósitos bancarios. Sólo podían retirarse 250 pesos por semana, con el consiguiente rechazo de los depositantes. Así empezaron algunas situaciones de violencia y cacerolazos de protesta en las principales ciudades del país. Esta situación de crisis se agravó aún más cuando De la Rúa, que en cierto sentido era la expresión del radicalismo y el emblema de la institucionalidad, dictó el estado de sitio.

El estado de sitio provocó una reacción furibunda de parte de mucha gente que salió a golpear las cortinas de los bancos, que en respuesta dispusieron su cierre inmediato.

Foto: Archivo

Toda esta crisis llevó a la escena del helicóptero que utilizó el presidente De la Rúa para abandonar la Casa Rosada y dejar al país en manos de Ramón Puerta, un señor feudal de la derecha de Misiones, que convocó a una Asamblea Legislativa. Se dio el fenómeno que en determinadas condiciones la democracia no asegura la expresión del voto popular y el camino hacia una Argentina con justicia social y con desarrollo económico.

En reemplazo de Puerta fue designado Adolfo Rodríguez Saá, quien lo primero que hizo fue declarar el default de la Argentina. El país no estaba dispuesto a pagar la deuda externa. Además de esta trascendental decisión, recibió a las Madres de Plaza de Mayo y designó a una serie de funcionarios, entre ellos Carlos Grosso, un hombre que había sido acusado de corromper al gobierno.

Todo ello significó un profundo deterioro en una gestión que sólo se extendió durante siete días.

Así le llegó el turno de asumir a Eduardo Camaño como presidente de la Cámara de Diputados y, tras una nueva convocatoria de la Asamblea Legislativa, terminaron designando presidente a Eduardo Duhalde.

Entre sus primeras medidas, Duhalde designó a Jorge Remes Lenicov como su ministro de Economía, quien dispuso la puesta en marcha de planes sociales y trató de moderar la situación de crisis que atravesaba el país. Pero tampoco encontró ninguna solución definitiva y, para colmo, recurrió a la represión policial cuando se acentuó la reacción popular.

Esa represión llegó al colmo de los colmos a mediados de 2002, cuando fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Dario Santillán, lo cual obligó a Duhalde a adelantar las elecciones por el desprestigio alcanzado.

Foto: Archivo

Cuando llamó a elecciones tuvimos algo parecido a lo que en cierto sentido se está viviendo en la actualidad. Los sectores más consecuentes con el peronismo histórico y con las posiciones nacionales y populares se vieron sorprendidos porque Menem ganó la elección a pesar del desprestigio que tenía. Alcanzó el 24% de los votos y, en segundo lugar, con el 22% apareció un hombre que un intelectual de Carta Abierta había calificado como “vientos nuevos que vienen desde los mares del Sur”. Estamos hablando de Néstor Kirchner, que había sido gobernador de la provincia de Santa Cruz.

Comenzó así el kirchnerismo, un período que duró 12 años. En esta etapa se expresaron en el gobierno los intereses populares y se recuperaron las mejores banderas del peronismo, sumado a una revalorización de los derechos humanos.

Néstor Kirchner convocó a las Madres de Plaza de Mayo y tuvo el histórico gesto de descolgar los cuadros de los genocidas en el Liceo Militar. Además, llevó una política económica de desendeudamiento con respecto al imperialismo expresado en el Fondo Monetario Internacional. Es decir, en principio consiguió una quita muy importante de la deuda externa, de cerca del 60% y luego le pagó al FMI 9.800.000.000 de dólares que se adeudaban, al mismo tiempo que Brasil impulsaba una política semejante.

Esto permitió también limitar las importaciones, provocar el crecimiento de la mediana y pequeña empresa y mejorar las condiciones de distribución popular a través de una moratoria previsional que amplió la posibilidad de jubilarse.

Foto: Archivo

El primer gobierno de Néstor Kirchner fue uno de los más importantes en la historia de Argentina, en el que se recuperaron de las banderas históricas del peronismo. En 2007, lo reemplazó su esposa Cristina Fernández de Kirchner, que había sido legisladora, senadora, y se había lucido en varias intervenciones.

En octubre de 2010, el país se estremeció con la noticia que un infarto había terminado con la vida de Néstor Kirchner. A pesar de ello, en 2011 Cristina vuelve a ganar las elecciones con una diferencia cercana a los 20 puntos.

Durante su gobierno, avanzó sobre diferentes sectores: terminó con la virtual privatización del sistema previsional que representaba el régimen de AFJP y recuperó las fábricas de aviones de Córdoba, entre otras medidas. Dijo que había llegado el momento de na sintonía fina y que había que moderar algunos gastos.

En este contexto, quedó aplazado un proyecto que había presentado el diputado Héctor Recalde, por inspiración de Cristina, en el que se planteaba la distribución de las ganancias de las empresas a los trabajadores. Eso quedó en veremos y, además, se produjo un choque bastante fuerte entre los gremios alineados con Hugo Moyano y la presidenta de la Nación, lo que dio lugar a que finalmente la CGT quedara en manos de Antonio Caló.

Foto: Daniel Darras

Otra situación difícil fue el enfrentamiento con la oligarquía agropecuaria, con la Sociedad Rural a la cabeza, que logró arrastrar a sectores de la clase media e, incluso, a algunos de la izquierda. La cuestión llegó a un empate de apoyos y rechazos en el Congreso de la Nación, que finalmente se definió con el “voto no positivo” del vicepresidente Julio Cobos, en contra del proyecto de retenciones móviles que había puesto en marcha el gobierno de Cristina.

El gobierno también sufrió los embates de una crisis económica de alcance mundial y la acción terriblemente desaforada de una oposición que ve en Cristina la prosecución de aquello que había rechazado en el ´45, es decir, del peronismo.

Otro elemento que tuvo un papel importante fueron las noticias falsas, o fake news, sumadas a medios de comunicación que se fueron concentrando cada vez más. Eso llevó a la convicción a la mayor parte de la sociedad que el fiscal Alberto Nisman, que estaba investigando la relación del gobierno de Cristina con la deuda externa, hubiera sido asesinado por orden de la Presidenta. Vale aclarar que esta hipótesis que fue descartado totalmente.

Otro episodio fue la adjudicación al candidato a gobernador Aníbal Fernández de un triple homicidio vinculado con el negociado de la efedrina, en el que se habló de “La Morsa” y se lo adjudicó a Fernández, cuando después resultó que no tenía nada que ver, con Elisa Carrió armando en su casa una confesión falsa de uno de los intervinientes.

Foto: Archivo

Toda esta situación permitió la llegada al poder de Mauricio Macri, cuya política principal fue la del endeudamiento. Cuando se le acabó el endeudamiento privado, fue el turno del endeudamiento a los sectores bancarios externos a través de un hombre que ahora vuelve a sonar, Luis “Toto” Caputo.

Caputo consiguió un préstamo por 100 años, el mayor que hizo el Fondo Monetario Internacional, que en principio fue de 57 mil millones de dólares y después, cuando asumió el poder el gobierno, fue reducido 45 mil millones de dólares, a pagar en tres años. Eso quería decir que la Argentina debía destinar cerca de 15 o 20 mil millones de dólares por año para pagar una deuda externa que además imponía una política económica de sumisión.

Macri gobernó el período 2016-2019. Los hombres que jugaron con el grupo Macri fueron una especie de burguesía transnacionalizada. Un economista muy agudo, Jorge Beinstein, fallecido hace dos años, sostenía que el gabinete de Macri era realmente una banda de financistas y algunos que otros industriales, cuyo objetivo fue endeudar al país y girar el dinero al exterior. Lo cierto fue que este gobierno de Macri tuvo todo el apoyo de la justicia, que logró desde el principio favorecer su acción.

El enorme crédito tomado se fugó. No se aplicó a rutas ni al mejoramiento de la infraestructura. Lo cierto es que se fugó totalmente y esto desprestigió bastante al gobierno de Macri.

Se formó entonces una alianza para derrotarlo en las elecciones de 2019, resultado que se obtuvo en la primera vuelta por una cantidad apreciable de votos.

Durante el período previo a las elecciones, la Corte Suprema de Justicia operó decididamente en contra de Cristina Fernández de Kirchner, creando dificultades para que se presentara a las elecciones.

Foto: Carlos Brigo

Ella designó entonces a Alberto Fernández como candidato a presidente, quien resultó vencedor como señalamos anteriormente.

Diversas circunstancias provocaron una desvinculación entre la elección, el voto popular y lo que se hizo durante la gestión. A los pocos meses de asumir Alberto Fernández, se desató en el mundo una pandemia que obligó al gobierno a modificar sus planes, debiendo emitir dinero para comprar vacunas, lo que profundizó la inflación que venía del gobierno de Macri.

Los trabajadores habían perdido durante el gobierno de Macri un 20% de su poder adquisitivo y esto no fue recuperado. Para colmo, y para complicar las cosas de su gobierno, se produjo una sequía que significó una disminución de las exportaciones de otros 20 mil millones de dólares, quedando el gobierno en una situación de profunda debilidad, semejante en algún punto a la debilidad con que Fernández quiso manejar su gobierno.

Esta caracterización llegó a tal punto que en condiciones de expropiar la empresa Vicentín, uno de los principales agroexportadores de la regulación que hacían con Paraguay y otras maniobras que evidentemente endeudaban al Banco Nación en cifras importantísimas, el gobierno no se animó a llevar adelante su proyecto.

El gobierno impulsó entonces políticas de consenso en un marco de creciente debilidad, frente a una oposición que llegó a poner en la Plaza de Mayo bolsas mortuorias con el nombre de figuras importantes del campo nacional. También se animaron a llevar una horca y una guillotina, amenazando con lo que supuestamente estaban dispuestos a hacer.

Estas dificultades promovieron una debilidad que por momentos se convirtió casi en ausencia del gobierno.

Cuando llegó la hora de definir un candidato del oficialismo para las elecciones de 2023, surgió la idea que Sergio Massa se desdoblara en sus funciones de ministro de Economía y candidato presidencial, ejerciendo al mismo tiempo casi funciones casi presidenciales con medidas importantes en favor del campo popular.

Esto, sin embargo, no pareció suficientes. En medio de todo esto apareció un personaje extravagante, insólito no sólo en sus declaraciones sino también en sus andanzas.

Este señor, Javier Milei, se presentó como un anarco-capitalista, es decir, como un hombre del liberalismo, pero de un liberalismo que se caracterizó por su idea de que había que aplicar una motosierra para llevar a cabo la destrucción del enemigo y, según él, de toda la corrupción.

Foto: Julián Álvarez

Milei resultó ganador en las elecciones.

Su asunción como presidente de los argentinos tendrá lugar el 10 de diciembre, en medio de un verdadero desconcierto general que revela, por un lado, la declinación de la dirigencia política tanto opositora como oficialista.

Lo ocurrido también indica que el camino es reforzar la democracia con planes positivos, que sólo una democracia ampliada - nacional - que pueda defenderse frente a las presiones del Fondo Monetario Internacional, puede convencernos de las virtudes que tienen las formas de convivencia democrática, un sistema que a veces es desvirtuado por estos factores de desigualdad económica, de sometimiento y de dependencia.

Este es el camino que habrá que tomar… dentro de lo posible.

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