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SOCIEDAD

12 de septiembre de 2023

Gustavo Santa Cruz: el físico (y cantante lírico) al frente del Centro de Protonterapia

Gustavo Santa Cruz enfrentó decisiones cruciales en su vida: escoger entre la física y la música, así como decidir si quedarse en Harvard y el MiT o regresar a Argentina. En la actualidad, él es el director del Centro Argentino de Protonterapia, próximo a ser inaugurado. Esta terapia de protones brinda la posibilidad de tratar tumores diseminados y atender a pacientes infantiles con mayor precisión y menos efectos secundarios. Santa Cruz asegura que es fundamental que el Estado invierta en Ciencia y Tecnología, ya que los beneficios de estas áreas impactan directamente en la vida de las personas.

Por Gabriela Ensinck - Red Argentina de Periodismo Científico
Foto: Alejandro Santa Cruz.

El edificio del nuevo Centro Argentino de Protonterapia (CEARP), que comenzará a funcionar a fines de este año frente al Hospital Roffo de Oncología en la ciudad de Buenos Aires, tiene la complejidad de un reactor nuclear. Su corazón es una máquina colosal que pesa 200 toneladas y dispara rayos de protones a 200 mil kilómetros por segundo (dos tercios de la velocidad de la luz).

Ese acelerador de partículas, llamado Ciclotrón, se conecta con otra máquina, no menos descomunal, de 110 toneladas, llamada Gantrie, que gira 360 grados en un sistema de doble embudo sobre el paciente, entregando haces de protones con una precisión menor a una décima de milímetro.

La terapia de protones es la última frontera de la medicina nuclear. Y  detrás de este proyecto, que ubica a la Argentina entre los 20 países con capacidad de implementar tecnología de estas características, está Gustavo Santa Cruz, doctor en Física y cantante lírico.

“La protonterapia es una forma de radioterapia más efectiva que la que utiliza fotones o rayos X porque permite matar células tumorales dispersas, sin dañar las células y tejidos adyacentes. Por esto es una opción para pacientes oncológicos infantiles o donde hubo una reincidencia y no queremos que las células sanas reciban nuevamente radiación”, explica Santa Cruz, mientras recorre junto a Télam Confiar las instalaciones del CEARP, en el barrio porteño de Agronomía.

 
Foto: Alejandro Santa Cruz.

¿Cómo surgió este proyecto y cuándo estará disponible la protonterapia en el país?

El Plan Nacional de Medicina Nuclear surgió en 2014 con una resolución del entonces Ministerio de Planificación. Las obras habían arrancado en 2015 pero se interrumpieron hasta 2019. Prácticamente todo lo que hay hoy se hizo en los últimos dos años, tras la pandemia. La primera fase del proyecto, que cuenta con el sector pediátrico y de radioterapias “convencionales”, comenzará a funcionar a fin de este año o en el primer semestre de 2024 con los primeros pacientes.

Y el sector de protonterapia estará disponible para 2025, año en que Argentina será sede del Congreso Internacional de la especialidad. Sería un hito porque solo hay 20 centros de estas características en el mundo, todos en el hemisferio Norte. El proyecto está muy avanzado y ahora tenemos que trabajar en formar una comunidad de médicos y especialistas que nos conozcan, referencien y envíen aquí a sus pacientes. También tenemos que trabajar en nomenclar los tratamientos, y en formar a los profesionales, algunos en el exterior. Aquí trabajarán unas 150 personas.

¿Por qué es importante que Argentina tenga un centro de protonterapia?

Porque tenemos las capacidades para hacerlo y porque seríamos el primer país de la región y de todo el hemisferio Sur en contar con esta posibilidad de tratamiento. Y ofreceríamos estas terapias de avanzada a pacientes de todo el país y a otros de la región.
Hoy en los países desarrollados, sobreviven hasta el 75% de los pacientes pediátricos. En los de ingresos medios o bajos, menos del 20%. No solo mueren más, sino que a veces ni siquiera acceden a cuidados paliativos. Esto tiene que ver con el diagnóstico tardío y la falta de opciones de terapias de precisión. Se puede tratar a los chicos con una bomba de cobalto, pero esto tendrá muchos efectos adversos. Por eso es importante un centro como este, en el que además de la CNEA, INVAP, y la UBA, estamos trabajando con el Garrahan.

¿Qué te llevó a estudiar física y dedicarte a la medicina nuclear?

Soy técnico químico del (colegio) Otto Krause. Como estudiante, la Física me gustaba, porque me permitía ver qué hay más allá de lo que se puede ver y tocar, con ecuaciones y experimentos que me lo mostraban. Me anoté en Física en la Facultad de Exactas de la UBA. Pero también me gustaba la Biología, y en algún momento fantaseé con hacer las dos carreras. Pero entré en la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) en el 96 como becario y me sumé al proyecto de medicina de neutrones. Eso me permitía trabajar con Física, Química, Biología e Ingeniería Nuclear, en forma interdisciplinaria. Así pudimos ir desde la fórmula en el pizarrón al tratamiento clínico. Luego estuve 2 años en Harvard y el MIT (Massachussets Institute of Technology). Resulta que vino un investigador de allá y le mostré las cuentas y proyecciones que estaba haciendo. Le interesó y me ofreció una beca para estudiar en el grupo BNCT (terapia por captura neutrónica en boro, por sus siglas en inglés) en Boston. Y allí estuve del 99 al 2001

 
Foto: Alejandro Santa Cruz.

¿Volviste a la Argentina, justo en 2001?

Volví más que nada por cuestiones de afectos y familiares. Mi viejo tenía cáncer en ese momento. Yo estaba muy bien desde lo profesional, pero se sufre estando desarraigado. Si bien tenía ofertas para quedarme, preferí volver para hacer cosas en Argentina. No fue fácil, pero entré a planta en CNEA y empezamos a desarrollar el proyecto de BNCT acá. Así que siempre estuve ligado a la medicina nuclear, en proyectos en los que vamos del laboratorio al paciente y viceversa, lo que se llama medicina traslacional.

También sos cantante lírico ¿Cómo entra la música en tu vida?

Soy barítono, pero antes de eso, me gustaba cantar y tocar la guitarra. Entré al coro de Exactas, donde hicimos la Ópera Aída, ayudados por un mecenas contrató a cantantes del Colón. Me escuchó y me ofreció una beca para estudiar canto con Gloria Sopeña. Después me presenté en el concurso de radio nacional de jóvenes intérpretes clásicos. Lo gané y fui al Colón. En un momento me dije ¿qué hago? ¿Sigo con la física o me dedico a la música? Porque me estaba yendo bien.

Junto a mi esposa (la Mezzo Soprano Stella Maris Di Ricco), hicimos La Flauta Mágica, las Bodas de Fígaro y la Ópera Carmen en el Teatro Avenida.

Era una época en que terminaba un ensayo a las dos y me levantaba a las seis para llevar a mis hijas al colegio… Hoy sigo cantando pero en casa. A veces hacemos conciertos con un físico y pianista amigo.

Te formaste en la escuela y la universidad pública. ¿Qué rol tiene el Estado en un proyecto como el de protonterapia que dirigís actualmente?

Este centro de avanzada es posible porque el Estado tomó la decisión de invertir y asumir el riesgo. La ciencia y la tecnología es lo que le permite a un país desarrollarse.  En Israel, Estados Unidos y Europa se invierte fuerte en Ciencia y Tecnología y eso vuelve a la gente.

 
Foto: Alejandro Santa Cruz.

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