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CULTURA

11 de octubre de 2023

"Rafael Lozano-Hemmer desvela la sinergia entre arte y tecnología en un nuevo artículo"

Como tercer expositor internacional en el programa "Presente Continuo", el invitado compartió su experiencia de treinta años en el arte, la ciencia y la tecnología, y exploró cómo los lenguajes artísticos se entrelazan con las plataformas y los recursos disponibles.

Por Marina Sepúlveda
Lozano-Hemmer participó del taller intensivo destinado a los 35 participantes becados de distintos puntos del país, / Foto: Leo Vaca

Invitado como tercer expositor internacional en el marco del programa "Presente Continuo" que articula arte, ciencia y tecnología, el artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer ofreció este martes en la Fundación Andreani en el barrio de La Boca, "Anti Monumentos y subesculturas: un repaso a tres décadas de creación de arte electrónico"", una masterclass abierta al público acerca de su práctica de tres décadas y dialogó acerca de la interacción de los lenguajes artísticos sustentados en las plataformas y recursos tecnológicos.

El "artista nerd", como se define Lozano-Hemmer es el tercer invitado del programa que lanzó este año la Fundación Bunge y Born junto a la Fundación Williams, con apoyo de la Fundación Andreani, dirigido a artistas y científicos de Argentina con foco en tecnologías de inteligencia artificial, realidad aumentada, medios locativos, bioarte, edición génica, entre otras.

Planteado en el primer año como un espacio de conferencia seguido de un taller intensivo destinado a los 35 participantes becados de distintos puntos del país, el programa ya tuvo como invitados al curador y teórico francés de los nuevos medios Maurice Benayoun (MoBen) y al artista e investigador brasileño Guto Nóbrega.

Por estos días, el artista nacido en México y radicado en Canadá hace dos décadas Lozano-Hemmer (1967) cierra el año calendario con su segunda visita al país.

Se trata de un artista conocido por instalaciones como la inicial de un gran ojo que sigue a una persona o "Almacén de Corazonadas" (2006) -meses antes al del artista francés Cristian Boltanski y sus grabaciones de latidos de corazones guardados en un museo de Japón-, o de proyectos que dirige como un "director de orquesta" es lo político social.

En esa línea están sus trabajos "Frecuencia y volumen" (2003) o "Nivel de confianza" (2015), con cámaras de reconocimiento facial que trabaja en base a los rostros de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa (Iguala, México) de 2014.

"Pienso que el artista es un trabajador, es alguien que se dedica a hacer preguntas, que interrumpe las formas dominantes de cómo y de qué hablamos, que hace conexiones", porque "vivimos en un tiempo de muchísima alienación y soledad y tenemos que buscar formas de compartir, y por ahí van casi todas mis obras", define.

El artista fue el primer representante mexicano en participar de la Bienal de Venecia. / Foto: Leo Vaca

Por otro lado, considera que "los artistas nerds son aquellos que experimentan y no conozco a un artista que no experimente, todos estamos en constante búsqueda de una cierta tradición experimental para intentar contribuir algo y creo que eso nos hace a todos nerds".

Sus trabajos también incluyen la serie de corazonadas y sus variaciones que comenzaron bajo techo hasta desplegarse con leds en un bosque, al trabajo con el espectro radioeléctrico como recurso finito para comunicar a las dos "ciudades hermanas" de Ciudad Juárez (México) con El Paso (Texas) en tiempos de Donald Trump y su muro en "Sintonizador Fronterizo" o "Pulso remoto", ambas de 2019.

También "Voz alta" (2008) encargada para el memorial a 40 años del asesinato de los 300 estudiantes en Tlatelolco de 1968 (México), donde "tu voz se convierte en luz" proyectado al cielo de la ciudad, como un antimonumento, según afirmaba, y como algo incompleto y fuera de control.

Transformaciones


Una de las claves de las obras se basa en la idea de "performar el archivo, la memoria, que esta sea algo vivo".

Muchas de estás ideas son plasmadas desde elementos como la escritura sobre agua o instalaciones de sillas moviéndose según el patrón de la persona que pasa a su lado ("Función de ondas", 2007), o bien utilizando la voz y la escucha, el aliento, latidos del corazón transformados en pulsos lumínicos, sonoros; la sombra y la luz y el juego de escalas o la biometría, hasta el aire de una frase impresa en 3D hecha escultura, e incluso el sol o el calor corporal, entre otros, son parte de un universo que recombina arte y ciencia, y sacude marcos perceptivos y emotivos de quien interactúa con las propuestas artísticas de Lozano-Hemmer.

Y entre otros temas están el de la sociedad de control y la vigilancia, el uso de la inteligencia artificial, y el olvido.

Consultado sobre el cúmulo de datos que recolectan las obras y proyectos definía que graban, presentan y luego olvidan, reflexiona: "El olvido es una parte fundamental del arte electrónico, es de hecho la parte más simbólica, más poética. Entonces la acumulación, y la grabación y la reproducción de algo que siempre existirá es algo que no me interesa en lo más mínimo". Y agrega: "cuando me preguntan sobre Inteligencia Artificial, nosotros en el estudio llevamos 30 años trabajando con ella, una de las cosas que la IA no hace es morir, y como decía Montaigne filosofar es aprender a morir y creo que con el arte es lo mismo".

En 2006 su pieza "33 Preguntas por Minuto" fue adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. / Foto: Leo Vaca

"Estamos siempre pensando en el hecho de que vamos a terminar, eso no lo tiene en la computadora. Eso nos hace sentir, nos hace estar apasionados y curiosos por la vida", sostiene.

"Somos los vivos los que sentimos dolor, tenemos pérdida de memoria, de seres queridos, y a través del duelo, del ritual, la danza, del sexo, tenemos esta sensación humana que nunca perderemos", y ejemplifica con la mutación genética, "lo que olvidó la instrucción y eso te da la evolución", por eso indica "defiendo el olvido como una forma de diferenciar lo que hacemos con las computadoras".

En sus proyectos aborda el espacio público de las ciudades, al que diagnostica que "tiene una crisis brutal", donde "las ciudades ya no representan a la ciudadanía" sino "al capital" y grafica citando ciudades globalizadas donde los edificios que se construyen son iguales en Buenos Aires, Singapur o Londres, "porque las soluciones al problema de optimizar el capital son las mismas".

"Luego hay una crisis de representación, no nos sentimos reflejados en la ciudad. El espacio público se torna espacio comercial con normas de conducta, y lo interesante es cómo volvemos a ocupar esos espacios intersticiales o públicos para generar una respuesta cívica, para generar conexión y comunidad".

"Estamos todos conectados con nuestros teléfonos y nuestro internet, pero en realidad vivimos una realidad muy solitaria donde desaparecen los quioscos, las oportunidades de compartir experiencia". Y agrega: "para mí el arte es una forma de interrumpir estas normativas de poder y permitir que la gente se sienta partícipe de su propio entorno, el arte ofrece un vehículo para hacer esa excentricidad que nos saca de la rutina diaria, del consumo".

Grandes dimensiones


Sobre las dimensiones de las obras, Lozano-Hemmer insiste: "mi trabajo es tan grande como mis inseguridades", porque el no haber estudiado arte lo lleva buscar legitimar su obra, "y había algo muy primitivo en querer hacer algo gigantesco, en ser notado".

Pensando sobre su trayectoria indica que después de realizar "Tensión superficial" (1992) un ojo que sigue a una coreógrafa en un escenario y que fue la primera que vendió a un museo y le abrió el panorama, realizó una gran proyección en Linz, Austria hacia 1996, "y luego he tenido esta megalomanía de poder usar la ciudad como un lienzo, que puedas hacer cosas sobre todo, no tú, sino que el público pueda transformar el entorno urbano, pero ya con la psicoterapia no tengo esa necedad y ahora hago cosas chiquitas también", señala divertido.

"Nivel de confianza" (2015) tiene que ver con los desparecidos de Ayotzinatpa. / Foto: Leo Vaca

Una de esas obras más acordes al espacio de una galería, es una pieza inspirada en "Rayuela" del escritor Julio Cortázar ("Recurrent Rayuela", 2015), "que es una suerte de tómbola", la que al ser girada va descubriendo frases aleatorias de la novela, que se escapa de la linealidad narrativa habitual, y se inscribe en el arte generativo.

"Rayuela tiene la posibilidad de las múltiples lecturas y esto para mí es fascinante porque tiene una combinatoria que me gusta mucho, como el juego, y decidí hacerla como un homenaje a esta lectura fragmentada", dice.

Pero la pieza más pequeña es de nanotecnología como "Babbage Nanopamphlets" (2015): "se trata de una obra en donde escribimos un texto de Babbage, el inventor de la primera computadora del siglo XIX. El texto dice que cuando hablamos generamos una turbulencia en el aire y él se pregunta qué ocurriría si tuviéramos una computadora que pudiera determinar la trayectoria de todas las moléculas y rebobinara el movimiento para recrear todas las voces de la gente del pasado". Y agrega: "Según Charles la atmósfera es una inmensa biblioteca de todo lo que se ha dicho en el pasado, es un texto maravilloso de 1837 donde dice que en el futuro vamos a tener computadoras que van a poder rebobinar y sacar el sonido, por ejemplo de tus ancestros, de la gente que has perdido, de idiomas que se extinguieron y en un momento bellísimo dice que vamos a encontrar evidencia de justicia social", dice en referencia a los esclavistas.

El arte y la tecnología son el tejido sobre el que Lozano-Hemmer propone y trabaja desde su estudio conformado por 24 personas, de los cuales la mitad son ingenieros, y la inspiración proviene de la lectura de filósofos y científicos, poetas como Mallarmé y escritores "que explotaron la página lineal y lograron hacer universos poéticos", que toma como aliados reensamblando pensamientos en arte y experiencia.

En su formación, el tránsito desde "la ciencia, las artes escénicas a las artes visuales" y la programación desde la década de 1980 fueron los condimentos para configurar un cuerpo de obra y trabajo especial, que se expande a otros países más allá del estudio establecido en Quebec, Canadá, donde vive y trabaja.

En esa vorágine de trabajo, en noviembre estará presentando tres proyectos: "Colisionador" que mostrará partículas cósmicas, que instalan en una isla desierta de Abu Dabhi (Emiratos Árabes Unidos), otra en Australia y estará con "Pulse Topology" en el Lumiere Festival Durham" del Reino Unido.

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