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SOCIEDAD

3 de octubre de 2023

Se busca regular la industria satelital con el objetivo de prevenir el incremento de residuos espaciales.

La agencia de Naciones Unidas encargada de regular la actividad espacial (Unoosa) recientemente ha emitido directrices con el objetivo de evitar que los satélites se conviertan en chatarra cuando lleguen al final de su vida útil. Además, también están preparando misiones espaciales de limpieza. ¿Cuáles son las acciones tomadas por la industria satelital argentina en respuesta a estas previsiones?

Por Gabriela Ensinck - Red Argentina de Periodismo Científico

La huella ambiental de la humanidad no se restringe a los límites del planeta Tierra sino que se ha trasladado al espacio. Desde 1957, cuando el satélite ruso Sputnik dio inicio a la carrera espacial, más de 15.700 satélites fueron lanzados y actualmente la mitad está en desuso. Según

datos de la Agencia Espacial Europea (ESA)

, hay unas 10.900 toneladas de chatarra orbitando en el espacio.

El problema tiende a incrementarse mientras las misiones satelitales crecen exponencialmente, impulsadas no sólo por las agencias espaciales gubernamentales sino por empresas privadas, como Starlink, del magnate Elon Musk, que ya puso en órbita más de 3.000 satélites y planea lanzar 12.000 para ofrecer servicios de internet en todo el mundo. Según el último reporte de la ESA, el año pasado se lanzaron más satélites que en los 65 años de historia previos.

En la película “Gravity” (2013), Sandra Bullock y George Clooney son dos astronautas “varados” en órbita tras chocar con un trozo de basura espacial. Esto que ocurrió en la ficción, ¿podría darse en la vida real?

La respuesta es afirmativa. “La carrera espacial se inició con el pensamiento de que el universo era infinito. Pero cada vez más objetos quedan orbitando la Tierra y esto constituye un riesgo de colisión con otros satélites y misiones tripuladas, lo que obliga a las misiones espaciales actualmente operativas a hacer maniobras para esquivarlos”, apunta el astrónomo Marcelo Colazo, Gerente de Vinculación Tecnológica de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).


“Esto genera costos y riesgos adicionales, ya que cada maniobra consume combustible y reduce la vida útil de los satélites”, comenta.

El peligro no está solo en los satélites apagados y en otros objetos “grandes” que pueden ser monitoreados, sino también en las partículas pequeñas, de menos de 10 centímetros.

“Los objetos en la órbita baja terrestre (400 a 1000 km de altura) viajan a 28.000 km/h aproximadamente, lo cual hace que una colisión de objetos, por pequeños que sean, resulte catastrófica para naves tripuladas”, explica por su parte el astrónomo Diego Bagú, director del Observatorio Astronómico y Planetario de la Universidad de La Plata.

Además, un choque de grandes satélites produciría una "reacción en cadena" a partir del desprendimiento de pequeños residuos, que podrían colisionar a su vez con otros objetos.

Pero la chatarra espacial no sólo es peligrosa por su potencial de colisionar, sino por la contaminación lumínica que provoca al reflejar la luz de los astros. Un estudio elaborado por la Royal Astronomical Society de Reino Unido en 2021 indica que la cantidad de objetos que orbitan la Tierra podría elevar el brillo del cielo nocturno en más de un 10% en gran parte del planeta.

Basura espacial (Agencia Espacial Europea)

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