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SOCIEDAD

9 de febrero de 2024

"Buscamos hacer que el patrimonio arqueológico subacuático sea accesible para todos, no solo para los amantes del buceo".

Dolores Elkin, investigadora del Conicet y líder en el campo de la arqueología submarina, encabeza el equipo argentino que forma parte de un prestigioso consorcio de investigación compuesto por 12 países. Recientemente, este equipo ha sido galardonado en un concurso organizado por la Unión Europea. Elkin afirmó que uno de los principales objetivos del proyecto es hacer que "el patrimonio subacuático sea accesible para un público más amplio, más allá de aquellos que practican el buceo".

Por María Alicia Alvado
Foto: Victoria Gesualdi.

Así como desde sus inicios la actividad humana fue dejando huellas en tierra firme, otro tanto ocurrió bajo las aguas, donde un patrimonio arqueológico conformado por naufragios, ciudades sumergidas y otras estructuras colapsadas esperan poder relatar sus historias sepultadas.

Y la ciencia que se ocupa de ello -y en la que se especializó Dolores Elkin- es la arqueología subacuática, una rama que estudia el pasado humano a partir de restos materiales que tienen la particularidad de estar ocultos o semiocultos en los mares, ríos, lagos, lagunas o arroyos.

En Argentina, el Programa de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (Proas-Inap) que Elkin dirige está confeccionando un listado de naufragios en el Río de la Plata y el Mar Argentino que hasta ahora relevó información de unos 1.900 casos producidos desde principios del siglo 16, habiéndose confirmado con evidencia arqueológica 35 de esos hechos.

El pecio (resto de nave hundida) más antiguo en integrar la lista de sitios identificados corresponde al barco holandés "Hoorn" naufragado en 1615 en la costa santacruceña; mientras que el caso más estudiado es la corbeta británica "Swift" que se hundió en 1770 frente a lo que hoy es la localidad de Puerto Deseado.

Estos yacimientos sumergidos están cubierto por la Convención de Protección del Patrimonio Cultural Subacuático que Argentina firmó en 2001 y ratificó en 2009; y por la ley 25.743 relativa al patrimonio arqueológico y paleontológico, que incluye a los restos subacuáticos

Foto: Victoria Gesualdi.

La clave para democratizar su disfrute parece residir en las tecnologías 3D, la realidad virtual y la inteligencia artificial; y justamente son éstas las principales herramientas de las que se vale el proyecto internacional "Tectonic" de puesta en valor del patrimonio subacuático que integran el Conicet y la Secretaria de Cultura de la Nación -a través del Proas-Inapl-, junto a otras 11 instituciones de países europeos, que ganó recientemente un premio de un programa de Naciones Unidos por el que se le otorgará un subsidio de más de un millón de euros.

En diálogo con Télam-Confiar, esta doctora en arqueología y asesora de la Unesco repasó la historia de esta especialidad en la Argentina, los nuevos proyectos y los desafíos actuales

¿Cuándo nace la arqueología subacuática en la Argentina?

Yo creo que se pueden tomar distintos hitos, que combinados, dieron origen a la arqueología subacuática en Argentina. Uno tuvo lugar en 1982, cuando un grupo de buzos de Puerto Deseado descubrió los restos de la corbeta Swift que venían buscando con una visión patrimonialista, de preservación para la comunidad, que era de avanzada para la época.

Ellos se interesan por el caso a partir de haberse enterado por un profesor del secundario, que el descendiente de uno de los náufragos había visitado Puerto Deseado en 1975 para reunir información sobre su ancestro generándose la situación inversa, de que la gente se enterara por él que había un barco hundido del siglo XVIII muy cerca de la costa.

Estos jóvenes ponen en marcha el proyecto de búsqueda y rescate con apoyo de distintas instituciones locales, que da como resultado el hallazgo de la corbeta en 1982, dando lugar a la creación de un museo para albergar los objetos rescatados.
A partir de allí poco a poco se empieza a solicitar ayuda profesional, primero de gente vinculada a temas de patrimonio y después ya de gente con formación en arqueología. Ahí es donde entro yo en escena y unos años después, en 1995, se crea el Programa de Arqueología Subacuática en el Inapl.

Dolores Elkin (aletas amarillas) en Italia visitando un naufragio que llevaba un cargamento de sarcófagos de mármol de la época del imperio romano. El sitio arqueológico se llama San Pietro in Bevagna. / Foto: Gentileza de Giuseppe Zinzanella.

¿Se sigue investigando la Swift?

En este momento está en lo que yo prefiero considerar un impasse porque no está cerrado ni terminado. Es más, en 2019 se reinauguró nuevamente el Museo Brozoski con una visión más moderna y también se realizan actividades de conservación de materiales, pero no está prevista una campaña de continuación del trabajo (en el terreno).

Fue un proyecto pionero en Sudamérica que fue y sigue siendo un modelo a seguir, sobre todo en países que no tienen tantos recursos económicos, porque demostramos que no hace falta millones de dólares para poder hacer un trabajo serio, prolijo y aprender mucho, en este caso acerca de la vida a bordo de un barco inglés del siglo 18.

¿Queda mucho por investigar ahí todavía?

Sí, ese barco todavía tiene muchos secretos por develar, pero nosotros tampoco tuvimos la intención de hacer algo exhaustivo, porque siempre está bueno dejar que la ciencia del futuro pueda aplicarse con nuevas técnicas, con nuevos medios, a los que nosotros todavía no teníamos acceso, como la fotogrametría.

¿Alguna vez estuvo la idea de extraerlo?

No. La gente se imagina un barco hundido conservando la forma bajo el mar y hay muy pocos casos en el mundo de naufragios de más de dos siglos en esa situación, es decir, cascos de madera que se puedan extraer por completo -o lo que quede de ellos- sin que se desarmen. Y además la conservación una vez fuera del agua es carísima y requiere una visión a largo plazo que en esta parte del mundo no se suele tener.

En el caso de la Swift, si bien parte del casco está armado, también está lleno de objetos adentro, con lo cual habría que excavar allí antes de sacarlo.

Foto: Victoria Gesualdi.

¿Qué amenazas representan para Arqueología Subacuática la explotación petrolera o minera submarina y la pesca de arrastre?

La más peligrosa es la pesca de arrastre, pero en general es difícil responder a este deseo de explotar el fondo marino de diferentes formas que podrían estar destruyendo sitios, por eso es muy importante que los estudios de impacto ambiental incluyan la arqueología denominada preventiva para poder mitigar o evitar el daño sobre un patrimonio que, una vez destruido, es irrecuperable.

El trabajo de arqueología aplicada en casos como estos se torna cada vez más importante y es un área de nuestra profesión que necesitaría más desarrollo.

¿De qué se trata el proyecto que integran y que ganó un concurso de la UE?

El proyecto Tectonic, que se centra en la puesta en valor de patrimonio cultural subacuático mediante productos y tecnologías de vanguardia, fue uno de los ganadores del concurso Marie Skłodowska-Curie Actions (MSCA) Research and Innovation Staff Exchange (RISE) para el programa de la Unión Europea denominado Horizonte 2020.

Este consorcio que integran el Conicet y la Secretaria de Cultura de la Nación mediante un equipo de investigación especializado en arqueología subacuática del Inapl, obtuvo la calificación más alta y recibirá un subsidio de 1.062.600 euros en los próximos cuatro años, lo que representa una escala en la que nosotros jamás hemos trabajado antes y estamos muy orgullosos.


Como parte de las tareas subacuáticas a desarrollarse en Argentina, se registrarán restos ubicados en el Golfo Nuevo de la provincia de Chubut para generar imágenes de realidad virtual y realidad aumentada de estos naufragios.

La novedad que tiene este proyecto es que se basa en la presentación al público del patrimonio cultural subacuático sumergido, o sea, que pueda ser disfrutado por un público mucho más amplio que las personas que bucean; y seguramente contribuirá a ampliar la oferta de productos turísticos en la Patagonia argentina.

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