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29 de enero de 2024

La historia detrás del conocido refrán: "Caer en la trampa"

En pocas palabras, utilizando un verbo infinitivo, un artículo masculino singular y un sustantivo masculino en diminutivo, encontramos uno de los refranes más comunes en nuestra vida cotidiana. En algunas ocasiones lo experimentamos como víctimas y en otras como victimarios. ¡Cuántas veces nos hemos caído en la trampa! ¡Cuántas veces hemos hecho caer a otros! Este dicho tiene sus raíces en Argentina, un país donde siempre tendremos suficientes obstáculos para tropezar y hacer tropezar a los demás, ya sea para bien o para mal.

Por Hugo Paredero

Pisar el palito



¿Quién no pisó un palito más de una vez, quién no se los hizo pisar a los demás? Cuando, inducido por otros, alguien hace justo lo que lo perjudica, suele decirse que ese individuo “ha pisado el palito”…

Uhh escuchá la cantidad de palitos pisados que crujen, ¿cuántas Plazas de Mayo podríamos llenar con ellos?... En su libro “Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato”, Héctor Zimmerman cuenta que esta de hoy se origina en aquella jaula-trampera, cazalauchas, de madera, que todavía se vende en algunos comercios.

Tenía una suerte de puertita o ventana rebatible provista de una barra corta, o palito, y junto a ese apoyo se ponía el cebo correspondiente… En el caso de lauchas y ratas, el cebo era el queso, a esas no las arreglás con alpiste o lechuga. Entonces, ni bien el roedor se posaba en ese palito, su peso ponía en acción un resorte que desplazaba rápidamente esa parte de la jaula y ¡fa!, dejaba encerrada a la presa… hasta matarla… Estas fueron sus últimas palabras…



En cambio, José Gobello, escritor, ensayista, miembro fundador y Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, atribuye el origen de "Pisar el palito" al ingenio de los ladrones de gallinas… Porque de noche, éstos entraban a los gallineros… ¡Shhh cállense bochincheras, dejen robarse!...

Resulta que los tipos metían sigilosamente una vara de árbol haciéndola pasar por encima del alambre tejido que rodeaba el predio justamente para que no entraran a robar… Una vez que el palo había entrado, la gallina se subía a él y el ladrón la retiraba silenciosamente subiéndolo otra vez hasta llevarlo a donde estaba él… ¡Entonces, a correr por ella!... Claro, las gallinas pisaban el palito porque confiarían en los ladrones, sentirían que si estos les ofrecían la posibilidad de salir de su jaula lograrían por fin la ansiada libertad… Pero, muchachas, muchachos, nunca ganan las gallinas. Más tarde o más temprano, la gallina se recaptura. Siempre ganan los ladrones…

“Pisar el palito” se llama la obra que nuestra dramaturga Griselda Gambaro escribió en 2004… ¡Por supuesto que no era un palito cualquiera, sino que tenía la particularidad de dejar entrampado al personaje que lo había pisado!...

En su "Zamba de los días", nuestra gran María Elena Walsh nos cantaba una confesión día por día, hasta que… 


"Zamba de los días"

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